viernes, 21 de agosto de 2009

Cueva de Boquique, leyenda y realidad

La Cueva de Boquique
La Cueva de Boquique se encuentra situada en la umbría de la dehesa de Valcorchero, en el paraje conocido como Era de la Guijosa (en las proximidades de la ciudad de Plasencia). Más que de una cueva se trata de un abrigo granítico, compuesto de una estancia más o menos amplia en el acceso principal y de un amplio corredor que conduce a otra entrada.
La cueva debe su denominación al insurgente carlista Mariano Ceferino del Pozo apodado Boquique.
En las inmediaciones de la cueva se han hallado abundantes vestigios arqueológicos (restos de murallas, de construcciones de planta circular, restos de una necrópolis saqueada) que conforman la existencia de un primitivo poblamiento en ese punto. Y en la propia cueva, expoliada sistemáticamente desde el siglo pasado, aparecieron muestras de industria lítica, sobre todo de una cerámica tan peculiar por su decoración que ha pasado a designar una tipología: la cerámica de Boquique. Los estudiosos la han venido datando o bien con la Edad del Bronce Antiguo o en el Neolítico Final.

Cerámica de Boquique
La "Cerámica de Boquique", o "punto en raya” debe su nombre al lugar en que se encontraron las primeras cerámicas decoradas con esta simbología típica. Es un tipo de decoración muy característica de la Península Ibérica, aunque también puede encontrarse en las Islas Baleares y en algunos yacimientos prehistóricos de Europa Central. Esta técnica se ejecuta mediante la aplicación de un punzón o una sierra dentada, creando trazos pequeños y sucesivos a lo largo de una línea incisa contínua. Esta cerámica suele caracterizar de hecho los primeros yacimientos neolíticos de la zona centro-occidental de la Península Ibérica, tanto en el Alentejo como Extremadura.
Los hallazgos se encuentran repartidos entre el Museo de Cáceres, el Museo Arqueológico Nacional y Museu de Arqueologia de Catalunya en Barcelona, aunque sólo se encuentran expuestos al público en el Museo de Cáceres.


El personaje.
En la primera mitad del siglo XIX, nació y vivió en Plasencia Mariano Ceferino del Pozo, un militar ferviente seguidor de Felipe VII. Mariano, era conocido popularmente por el sobrenombre de "Boquique".
Antes de la guerra, fue encargado de personal en las obras que el Obispo Laso tenía iniciadas en la Ronda del Salvador en Plasencia y posteriormente, fue también el encargado de las obras del camino viejo del Puerto.
Durante la Guerra de la Independencia Española luchó contra las tropas napoleónicas y, una vez terminada ésta, dirigió una partida de lugareños que se dedicaron a perseguir a los malhechores de la zona del alto extremeña. Su contribución fue determinante en la captura de una de las cuadrillas de bandoleros más crueles que asoló esta zona: Los Muchachos de Santibáñez.
Llegado el Trienio Constitucional (1820-1823) durante el cual surge el pronunciamiento militar del teniente coronel Rafael de Riego y por el cual se restauró la Constitución de Cádiz (La Pepa) estableciéndose la monarquía parlamentaria, como forma de gobierno en España, "Boquique" se sumó a la causa realista y se echó al monte para luchar contra el nuevo régimen instaurado (llegó al grado de Capitán dentro de este ejército). Temeroso de que los liberales acabaran con él, se mantuvo escondido durante 11 meses en una cueva existente en Valcorchero, conocida actualmente como Cueva de Boquique, hasta la recuperación de la ciudad para la causa absolutista en mayo de 1823, por parte del cabezueleño Santiago Sánchez de León.
Durante los años siguientes (Década Ominosa), Boquique se mantuvo en sus posicionamientos realistas, y después del fallecimiento de Fernando VII abrazó la causa carlista, manteniéndose próximo a la ideología de los denominados apostólicos, perteneciendo al grupo de los voluntarios realistas más exaltados de la ciudad, por lo que fue vigilado estrechamente por las autoridades isabelinas.
Por aquel entonces, se tramó en Plasencia una de las más consolidadas y peligrosas conspiraciones carlistas alentada por el alto clero placentino del momento (Obispo Varela y bastantes canónigos y prebendados). El apoyo popular y militar lo prestaron tres facciones: la del Valle del Jerte, capitaneada por Alonso Muñoz; la de Hervás, por Sánchez Matas; y la de propia ciudad, que dirigía "Boquique", en su condición de oficial retirado. La partida carlista de Plasencia tenía su escondite en la cueva de Valcorchero, tan conocida por su jefe. La partida de Boquique resistió pocos años en la zona, aunque durante este poco tiempo hay noticias que hablan de cómo la Diputación de Cáceres se queja al Gobierno de los gastos que le está ocasionando el mantener una infantería de unos 1.100 hombres y 200 caballos para combatir a los aliados del “bandolero”. La noche del 5 al 6 de marzo de 1834, José Gordon - responsable de la subdelegación policial y el más esforzado defensor del liberalismo en la Plasencia de aquellos delicados momentos - tuvo conocimiento de que la facción carlista se encontraba en Valcorchero y hacia allí se dirigió con un grupo de soldados. El factor sorpresa fue determinante. Los partidarios de "Boquique" fueron apresados en medio de una tempestuosa noche, con escasa resistencia armada.
Mariano Ceferino del Pozo y sus secuaces fueron reducidos, encarcelados y se les abrió un largo proceso judicial, en el que estaban encausadas más cuarenta personas, pertenecientes a diferentes estratos sociales de la ciudad

La leyenda.
Sin embargo, la tradición oral, ha recreado legendariamente los hechos suponiendo que Boquique fue un terrible bandolero, el cual, desde su cueva, vigilaba los caminos que transcurrían por la actual N-630 para poder robar a toda aquella persona acaudalada o convoy de dinero que pasase por esta vía.
Debido a esto, fue perseguido durante mucho tiempo por las autoridades locales por los montes de Valcorchero, pero Boquique siempre conseguía burlar a las autoridades y escaparse de su cerco a través del pasadizo que posee la cueva, de tal manera que este bandolero asombrosamente desaparecía cuando se guarecía en su cueva.
Así transcurrieron muchos meses, hasta que las autoridades descubrieron el pasadizo y su salida y, en la siguiente persecución, acorralaron a Boquique dentro de la cueva, acechándole soldados hasta la entrada de la cueva y bloqueando más soldados la salida del túnel. Boquique, viéndose acorralado y no queriendo ser preso por la justicia, decidió quitarse la vida ahorcándose de un saliente situado en el pasillo de la cueva.

Si visitamos la cueva, podemos ver, a parte del saliente donde se quitó la vida, la cama donde dormía y el bebedero del caballo (este se puede ver en la parte inferior izquierda de la foto que está en el apartado "el personaje").

3 comentarios:

  1. Lo de que se aorcó no se si será cierto ya que tambien se cuenta como sabras que lo acorralar0n los civiles.

    Donde devió estar en muchas ocasiones fuen en la cantina del oliveño justo frente a lka carretera a Salamanca ya que encontramos hace unos años un amigo y yo bastantes monedas de la época que el dueño debió tener guardadas en un lugar oculto entre los muros de la practicamente derruida cantina.

    Un saludo desde Plasencia.

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  2. Gracias por tu comentario, paisano.
    Tal y como comentas, y queda reflejado en la entrada donde se habla del "personaje", es decir, de la vida real de Boquique, no se ahorcó, sino que le acorralaron en las proximidades de la cueva y lo detuvieron para enjuiciarlo.
    Lo del ahorcamiento forma parte de la leyenda popular que se ha creado sobre este personaje.

    Que suerte (y envidia sana) que tengas en tu poder un pedacito de la historia de esta zona y, que sepas tanto de la misma.

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  3. El saliente donde se quitó la vida...

    Más que quitarse la vida lo que debió ocurrir es que fuese condenado a ser ahorcado en dicho saliente para que sirviese de ejemplo al resto de ciudadanos y afines a Boquique dejandole colgado durante algunos días.

    Los "bandoleros también asaltaban a los que subian por el camino viejo del Puerto, permaneciendo ocultos tras las escoberas que el cabildo de la ciudad ordenó quitar para evitar estos asaltos.

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